| Los Medios Sí pueden mejorar
Hacia una red de observatorios latinoamericanos
Rosa María Alfaro Moreno.
En el campo mediático hubo mejoras en los últimos años. En Frecuencia Latina, series nocturnas de producción nacional, visualizan problemas que vivimos y producciones culturales del mundo andino y urbano popular. Algunos canales de cable peruanos han legitimado la conversación amigable y aquella información de calidad que se analiza. El turismo cultural es promovido desde varios programas del canal estatal. La pluralidad de Perú 21 se instala en el campo de la opinión, también La República. Las páginas de El Comercio se dedican a temáticas sociales, además de presentar biografías emprendedoras y organizar foros descentralizadas sobre temáticas del desarrollo. Algunas telenovelas de mejor capacidad narrativa y audiovisual aparecen. Los ciudadanos cuentan con espacios de expresión mediante cartas que se publican, voces que se escuchan y diálogo que interactúa por Internet. Algunos medios ya cuentan con códigos de ética. El CONCORTV fomenta debates sobre televisión digital y programas infantiles. Hay movimientos ciudadanos preocupados por los medios, dejándose escuchar. Otros participaron en la producción de una propuesta de ley que fue iniciativa legislativa ciudadana referida a medios.
Pero a pesar de ese nuevo capital construido queda aún mucho por hacer. Los noticieros de señal abierta delatan una mediocridad detestable. Los peruanos pobres aparecen en escenarios sangrientos como víctimas, suplicando limosnas. Los estereotipos pululan. Todo lo malo se resalta, los avances se ocultan o arrinconan. Algunos programas del espectáculo violan derechos humanos básicos de las personas. Escandalizar es casi un sinónimo de calidad. Los programas infantiles, escasos de creatividad, denigran gustos y sueños de pequeños. La frivolidad reina confundiéndose con alegría. Y todo eso circula por medios que no reconocen errores, agrediendo con insultos cualquier cuestionamiento. En estos casos tan penosos como abundantes urgen insumos éticos, conocimientos analíticos de lo que ofrecen, medición cualitativa de los efectos producidos, conversaciones múltiples. Es aquí donde el balance entre negocio y calidad urge establecerse. El rating, como simple encendido se enfrenta hoy a esa credibilidad ciudadana que apuesta por un país justo y democrático.
Hasta los mejores medios se equivocan. Errar es humano pero reconocerlo y mejorar nos hace dignos y libres. Lamentablemente, la intransigencia frente a la crítica es un pecado nacional. Cualquier esbozo de cuestionamiento eriza a autoridades, políticos, periodistas y medios. Entonces aparece la condena contra quien se atrevió a cuestionar. Los contrincantes antagónicos buscan eliminarse sembrando guerras falsas. Si queremos desarrollo y ciudadanía, no es tiempo de sectarismos. Necesitamos aprender a escuchar-nos y avanzar.
Por ello surgen observatorios de medios en el continente. Unos promovidos por periodistas, otros por universidades, ciudadanos, Ongs y hasta por algún medio que decide autoanalizar su salud ética y comunicativa. Las psicosis también son institucionales. Si bien al inicio los observatorios, que hoy son más de treinta, fueron hipercríticos, hoy apuestan a que los medios pueden mejorar. Así la crítica bien intencionada se une a promoción de cambios. Monitoreos, investigaciones, reflexiones sobre medios con participación ciudadana, son tres herramientas útiles para los medios. Y desde esa nueva madurez, está naciendo una Red latinoamericana de Observatorios de Medios con buena voluntad, asumiendo también la defensa de la libertad de expresión con responsabilidad social.
Regresar a Artículos |