La comunicación del gobierno
Claudio Zavala Gianella*

Uno de los argumentos esgrimidos para justificar la renovación el gabinete ministerial es la necesidad de contar con un gobierno más comunicativo, hecho que se relaciona con los sucesos ocurridos en Arequipa. Sin embargo, cabe preguntarse ¿cuál es el sentido de la comunicación que se pretende ejercer?. Las declaraciones de los propios funcionarios del gobierno así como de varios miembros de partidos políticos muestran que de lo que se trataría es de diseñar estrategias de información que muestren con claridad las políticas gubernamentales, en el entendido que esto bastará para que se produzca una conjunción de intereses con la población o, en su defecto, se allane el terreno para la mejor implementación de dichas políticas (como la de privatización). Esta opinión también es compartida por algunos medios de comunicación como el diario El Comercio, como se pudo leer en un artículo de su página editorial del pasado viernes 12.

Quienes trabajamos en el campo de la comunicación para la democracia y el desarrollo sabemos que entender a la comunicación como la mera difusión de información o contenidos es reducirla a un nivel elemental que excluye la interlocución con quien recibe dichos mensajes. La comunicación, entendida como relación entre dos o más partes, implica, primero, un grado de conocimiento del otro con el que uno se comunica; y segundo, un nivel de interacción y de diálogo fundamental que, en el caso del ejercicio de la política, permita el acuerdo y la concertación. Todo indica que lo que se pretende es convencer al otro que lo que uno hace es lo mejor para ese otro, sordos a lo que ese otro piensa, siente, espera, aspira. Por lo tanto, no es comunicación lo que se propone, sino mas bien una estrategia de imagen o de ventas. No nos extrañe entonces que se produzcan muchos más casos como los ocurridos en la ciudad blanca.

La comunicación, bien entendida y planteada, es efectivamente estratégica para todo gobierno, pero mal entendida puede convertirse en un “boomerang” de efectos impredecibles. Alertamos entonces respecto a la necesidad de una política comunicativa que, más que convencer, busque encontrarse con la gente, escucharla y dialogar con ella, desde una actitud honesta y ética de apertura y tolerancia. Esto aportará a la gobernabilidad y fortalecimiento institucional que necesitamos para ser un país viable.

*Comunicador, miembro de la Veeduría Ciudadana de la Comunicación Social.

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