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Un desafío también para los medios de comunicación
Reconciliación sobre la base de la verdad
Jorge Acevedo Rojas*

El décimo aniversario de la captura del líder senderista Abimael Guzmán nos encuentra en un esfuerzo de búsqueda de la verdad de lo ocurrido durante los años más cruentos de la violencia política. La Comisión de la Verdad se halla en pleno trabajo de investigación, sin embargo el reconocimiento de los horrores de la guerra y la identificación de responsabilidades como base para la reconciliación generan reacciones adversas de diversos sectores de la sociedad, incluidos algunos medios de comunicación. Unos medios critican el trabajo de la Comisión, para otros sencillamente no existe.

Reconocer y analizar el pasado para evitar que la historia se repita constituye un reto no sólo para las instituciones y grupos directamente involucrados en el problema de la violencia, sino para la sociedad en su conjunto. Este proceso involucra también a los medios de comunicación, no sólo en un sentido de autocrítica y reflexión sobre el papel desempeñado en los años de la violencia terrorista, sino también en su capacidad de aporte al esfuerzo que lidera la Comisión.

Entre las grandes lecciones que han dejado los años de la violencia para los medios de comunicación aparece en primer lugar la importancia de defender la vida y otros derechos fundamentales por sobre cualquier ideología, condición socioeconómica o diferencia de carácter étnico cultural. En las audiencias públicas que organiza la Comisión de la Verdad se presentan testimonios nunca antes escuchados. Las versiones de las víctimas de la violencia, especialmente de zonas alejadas, grafican qué tan de espaldas hemos vivido al drama de miles de peruanos y peruanas.

También destaca la necesidad de conocer con mayor profundidad los problemas del país. Si bien la violencia terrorista no significa ya una amenaza de grandes dimensiones para la sociedad y el sistema político peruanos, las causas de la violencia estructural en el Perú no han variado sustancialmente. Los niveles de pobreza y pobreza extrema han aumentado, especialmente en los últimos años. El Perú continúa siendo un país marcado por profundas desigualdades. Persisten las brechas económicas, sociales, étnicas y de género que conspiran contra un desarrollo equitativo para los diversos sectores de la población. La violencia se manifiesta hoy en día de diferentes maneras y en niveles distintos.

Así mismo, debe consolidarse la práctica de una investigación más rigurosa de los hechos, de contrastar las versiones que entregan una o más fuentes de información y, complementariamente, recoger las voces de la ciudadanía. La investigación es una condición sustancial para un ejercicio ético del periodismo.

Los medios no debieran ser cajas de resonancia de la violencia, venga de donde venga. La salida tampoco es ocultarla, pero sí definir políticas informativas que permitan hacer un tratamiento informativo adecuado, sobre la base de procesos de contextualización y análisis que orienten al público, que apelen a su racionalidad y no sólo a su emotividad.

En el contexto actual los medios afrontan además otros desafíos, vinculados más bien a los procesos de investigación que conduce la Comisión y cuyos resultados deberán servir de base para deslindar responsabilidades y trabajar por el reencuentro entre los peruanos. Cubrir las actividades de la Comisión, acerca de sus avances y dificultades, informar sobre las audiencias públicas que se realizan en diferentes regiones del país es importante. Pero más allá de la labor informativa y de contribuir a que el proceso se visibilice, resulta necesario promover espacios de diálogo y reflexión sobre el tema, puentes que permitan reconstruir relaciones deterioradas por la guerra, en los que participen diferentes actores de la sociedad, especialmente los más afectados por el problema de la violencia.

En la actualidad no se puede pensar en grandes acuerdos sin la participación de los medios de comunicación. No sólo como espacios para la visibilidad pública y el diálogo sino también como actores con capacidad de aporte. En este esfuerzo debieran participar medios de comunicación de todo el país, la etapa que vivimos así lo exige.

* Miembro de la Veeduría Ciudadana de la Comunicación Social.

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