| Una Televisión Socialmente Responsable
Rodolfo León *
La televisión es principalmente un medio de entretenimiento y, como tal, no es un medio que transmita bien la información. Proyecta en la pantalla imágenes sobre las que las personas a su vez proyectan sus aspiraciones y deseos. Como tiene una capacidad tan grande de convertirse en intruso y un efecto tan poderoso tiende a transformar lo que toca en entretenimiento muy rápidamente. Claro que el entretenimiento en sí mismo no tiene nada de malo. El problema mayor es que convierte en entretenimiento aún los temas serios, como las noticias, que son presentadas como imágenes impactantes con algunas palabras de acompañamiento, lo que no es información, es espectáculo.
Con su presencia particularmente invasiva, la radio y televisión transmiten material ofensivo e indecente que confronta al ciudadano, no sólo en el espacio público, sino también en la privacidad del hogar, donde el derecho del individuo a ser dejado en paz simplemente supera los derechos a la libertad de expresión de un intruso. Hemos llegado al punto en que todo es expuesto, donde no quedan misterios ni sorpresas, donde hasta los secretos más íntimos de nuestras vidas son lanzados a la pantalla para entretener a la audiencia. La radiodifusión es también particularmente accesible a los niños, creando legítimas preocupaciones por la influencia que tiene en su desarrollo y bienestar.
No es realista esperar que personas cuyas mentes son llenadas con los temas banales o viciados que se les ofrecen puedan enfocarse en algo que no sean asuntos triviales ni que reconozcan o aprecien valores cuando sus mentes están llenas de los residuos morales de los talkshows . ¿En que país queremos vivir?
Responsabilidad social empresarial.
Es imprescindible tener en cuenta las transformaciones por las que aceleradamente pasa la sociedad y el cambiante y creciente papel que las organizaciones juegan en el desarrollo de una sociedad viable a largo plazo, sociedad a la cual pertenecen y de la que ellas mismas dependen, en la que deben asumir su parte de “responsabilidad social empresarial”. Denis Sulmont define la responsabilidad social empresarial como “la actitud de una empresa dispuesta a asumir de manera voluntaria y proactiva las obligaciones que contrae con los diferentes sectores sociales involucrados en su actividad, armonizando sus fines particulares con los de la colectividad”. Añade a esta definición la idea de que “la empresa no es un sujeto pasivo cuya conducta está plenamente determinada por la lógica del mercado (“ rating ” en este caso), sino una institución que define sus fines, elige los medios para alcanzarlos y ha de asumir las consecuencias de sus acciones”.
Por demás se reconoce que la primera obligación de cualquier empresa es ser rentable proporcionando bienes y servicios de calidad. Sin embargo, posee también responsabilidades ciudadanas que incluyen el cuidar de sus empleados y su comunidad, cumplir las leyes y colaborar con el Estado y la sociedad civil en resolver los problemas sociales. De hecho, los medios de comunicación están específicamente llamados a colaborar con el Estado en la educación de la ciudadanía. Esta es una posición que deben tomar decididamente, luchando contra las causas de la miseria y contra las estructuras que perpetúan los mecanismos de pobreza, no limitándose a explotarla crudamente en la pantalla.
Si estas obligaciones aplican a empresas de todo tipo en el interés de su propia supervivencia en el tiempo ¡cuánto más deben aplicar a las empresas de radiodifusión, capaces de alcanzar literalmente a toda la población e influenciar en ella para bien o para mal de manera tan poderosa!
Una efectiva adopción de esta conciencia amplia de responsabilidad social en las empresas de radiodifusión establecería las bases para una autorregulación eficaz. Esta, sin embargo, no reemplaza sino que debe ser complementaria a un marco legal mínimo para la actividad, como existe en todo país desarrollado.
El marco legal
Desde la naturaleza de servicio público que tiene la radiodifusión hasta la interacción que las agencias de publicidad y anunciantes tienen con el público a través de la publicidad, hacen que las actividades de la radiodifusión comercial sean un tema social y jurídicamente sensible. Conductas aisladas que afectan a la población, desmerecen del servicio que la industria rinde al mercado y afectan a la generalidad de la misma - canales, anunciantes y agencias de publicidad - erosionando su imagen por igual y llevando a la necesidad de establecer un marco regulador, lo que desata reclamos sobre limitaciones a la libertad de expresión.
Afortunadamente, fruto del debate sobre el suspendido proyecto de Ley de Radio y Televisión, nos ha quedado una mejor comprensión sobre temas como la libertad de expresión y la regulación de los medios de radiodifusión. Documentos importantes como el Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos de las Naciones Unidas declaran que el ejercicio del derecho a la libertad de expresión entraña deberes y responsabilidades especiales por lo que puede estar sujeto a ciertas restricciones, mismas que deberán estar expresamente fijadas por ley y ser necesarias para asegurar el respeto a los derechos o a la reputación de los demás así como la protección de la seguridad nacional, el orden público o la salud o la moral públicas (Art. 19, párrafo 3.).
Debe quedar claro, entonces, que no hay libertad sin responsabilidad ni derecho sin obligación, como debe quedar claro también que la radiodifusión se regula, no para limitarla sino para defender los derechos de otros.
El argumento de que el televidente está en libertad de apagar el aparato en cualquier momento no es válido por cuanto el tremendo poder de este “negocio del espectáculo” precisamente radica en, y se vale del poderoso efecto hipnótico de las imágenes para capturar su atención aún cuando rechace el material que se le ofrece. Y es aún menos válido cuando se espera que los padres velen por lo que sus hijos ven u oyen en todo momento, cuando hasta el sentido común indica que los padres tienen otras cosas que hacer, aún cuando se encuentran en casa, que estar constantemente supervisando a sus hijos para evitar que escuchen o vean programas inapropiados en radio y televisión.
La implantación de estos criterios en los países desarrollados, respetuosos de los derechos y las libertades, ha resultado en que la radiodifusión es el medio al que menos beneficios se le conceden al amparo de la libertad de expresión, quedando sujeta a mayores restricciones que otros medios. No hay razón para no tomar el ejemplo y seguir el mismo camino en nuestro país.
Tomando de esos ejemplos, consideramos que una Ley de Radio y Televisión debe incorporar los siguientes criterios relativos a contenidos:
Las licencias o autorizaciones deben ser dadas por plazos limitados y deben pasar por un proceso de renovación.
Debe permitirse la tenencia de más de una licencia por una misma persona natural o jurídica y permitirse la participación de la inversión extranjera.
Debe existir un organismo supervisor, con capacidad de dar licencias y sancionar infracciones, incluso con el retiro de la licencia en casos extremos debidamente especificados.
Debe existir un Horario Familiar definido por ley, usualmente entre 6:00AM y 10:00PM. Dentro de ese horario:
Nada debe incluirse que sea ofensivo al sentido de buen gusto y a la decencia.
Debe tenerse especial cuidado en la presentación de violencia, especialmente en horarios en que es previsible que un gran número de menores de edad esté viendo los programas.
En todo momento debe evitarse material que o pueda incitar al crimen o llevar al desorden generalizado.
Debe incluirse la tipificación de tráfico de influencias para el titular de la licencia, persona natural o jurídica, con revocatoria de licencia si incurren en la falta.
Debe incluirse la prohibición de dar una prominencia indebida a puntos de vista de personas o entidades particulares sobre temas controversiales de interés general.
Debe existir una separación entre prensa escrita y la radiodifusión, evitando la concentración del poder mediático para A) Asegurar una pluralidad de ideas en lo relativo a los aspectos de noticias, información y opinión y B) Propiciar una sana competencia comercial entre ambos medios de comunicación social.
* Presidente del Comité de Ética de la Asociación Nacional de Anunciantes.
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